Introducción

El blog tiene la intención de esparcir conocimiento en áreas como la psicología, espiritualidad y misticismo, la información tendrá como fuente autores relacionados con las temáticas anteriormente señaladas, ademas de mi propia autoria. La finalidad no es dar información o conocimiento que yá se conoce sino contribuir con el mismo según mi propio trabajo y reflexión ,por su misma naturaleza las palabras expresadas serán de un aliento hipotético, sin fin de absolutismos ni caracteres de verdades únicas.Que este blog contribuya no solo al autoconocimiento, sino a la reflexión de cada uno de los lectores, en planos tan altos como el espiritual hasta el tan cotidiano terrenal.

jueves, 30 de junio de 2016

Continuación: El cuerpo como lugar de encuentro entre psicodrama y psicología analítica.



Sassenfeld (2010) respecto a las contribuciones que Jung hace al campo del cuerpo dentro de la psicoterapia, menciona que el trabajo con una imagen psíquica fomenta la integración entre la conciencia y lo inconsciente y que además no se puede hacer una separación radical entre cuerpo y psique y que si esto es realizado, “se hace al servicio de una mejor comprensión” (Jung, 1988, en Sassenfeld, 2010, p. 132). Si tomamos en cuenta estas consideraciones en la relación conciencia, inconsciente, imagen psíquica, podemos entrever que tanto en el método psicodramático como en la psicología analítica, la separación cuerpo, psique y emoción, solo es arbitraria, en cuanto si se desea comprender lo inconsciente, es adecuado entender la expresión de este también a través de la expresión corporal.
Siguiendo a Sassenfeld (2010), destaca que para la psicología analítica es de suma relevancia ayudar a la conciencia a tomar contacto con lo inconsciente, en este sentido, menciona que en la actualidad son muchos los psicoterapeutas que han encontrado en el cuerpo una vía regia para entrar en contacto con el inconsciente personal de los pacientes y de esta manera, trabajar con la elaboración de la sombra. Redfearn (1998, en Sassenfeld, 2010) hace hincapié en que el poder restablecer la conexión entre el yo y una parte o función del cuerpo, implicaría la restitución de la cohesión del self, y además en este sentido, el lenguaje expresivo del cuerpo da cuenta a la vez de una expresión del self.
Ahora bien, considerando lo anterior, resulta interesante comprender que si el self también se expresa a nivel psíquico a través de imágenes, lo que menciona Matoso (2008) adopta suma relevancia al mencionar que estas imágenes, al personificarlas y dramatizarlas, permiten comprenderlas, darles un sentido, y que es así como ello va dando forma, estructura y lenguaje a estas expresiones inconscientes.
Siguiendo a la autora, menciona que esta

Posibilidad de corporizar los personajes que nos habitan permite, por la magia de la representación, desalojarlos de sus escondites en el cuerpo y verlos en escena, solos o interactuando, sufriendo o riéndose, adquiriendo identidad propia. Este “desalojo” pone de manifiesto las relaciones con el propio cuerpo, las características vinculares de ciertas zonas y los matices y energías que adquieren (p. 78).

Estas formas o imágenes autónomas que surgen de la psique inconsciente y que traen aparejados conflictos de la psique personal o más específicamente de los complejos, y que encontramos “adheridos” al cuerpo, es justamente lo que emerge en la dramatización (Fernández, 2013). Jung (2002) refiere que es la sombra la que aparece proyectada en personas adecuadas, o muchas veces también personificada como tal en los sueños.
Lo que comenta el autor respecto a la proyección en tanto complejos asociados a imágenes sombrías y a la tendencia del inconsciente a personificar, es lo que Matoso (2008) en otras palabras menciona como escenas alojadas en el cuerpo, de ahí que este sea conceptualizado en el cuerpo como territorio escénico.
Estrechamente ligada a esta concepción se encuentra el fundamento que instaura al psicodrama como una psicoterapia de acción, pues a diferencia de otras metodologías de psicoterapia, la dramatización in situ de los conflictos trae inevitablemente la dimensión corporal al espacio del tratamiento. Este cuerpo como escena, permite que múltiples vivencias se registren a nivel físico, vivencias que la resistencia psíquica de la mente incluso ha podido reprimir pero que el cuerpo en su lenguaje particular busca expresar. Esto sostiene gran parte de las técnicas de acción del psicodrama, las cuales apelan al encuentro de un camino a través de menos resistencia a la aparición de una carga afectiva, que permita generar una catarsis en pro de la integración de la persona sufriente, lo que en psicología analítica se busca es justamente dar expresión de manera espontánea a la psique, promoviendo la creación de posibilidades mayores, ampliando el campo experiencial del paciente, lo que en otras palabras se traduce en promover un mayor diálogo entre el ego consciente y lo inconsciente.
Ahora bien, si lo central del trabajo con el cuerpo como método de expresión de lo inconsciente trae aparejada el concepto de la personificación, y por lo tanto previo a la personificación, es el concepto de imagen, se hace necesario para poder comprender este concepto entenderlo a partir de lo que Schilder (Farah, 2008; Matoso, 2010) describe como imagen tridimensional de nuestro cuerpo, creada por nuestra mente, “el modo en que nuestro cuerpo se presenta para nosotros” (Schilder, 1981, en Farah, 2008, p. 56) y a través del cual se distinguen todos los cambios que se presentan a través del cuerpo antes de que ingresen a la conciencia. Dentro de ello caben todas las percepciones visuales, cambios cenestésicos, kinestésicos, intero y exteroceptivos. En este sentido, esto correspondería a lo que Sassenfeld (2010) menciona como propio de aquello que se pone en juego en la comunicación no-verbal, específicamente de inicio temprano en las primeras etapas del desarrollo infantil, y por ende relacionado con las primeras etapas del vínculo primario con el cuidador. Siguiendo estos planteamientos, lo que está puesto en juego en el desarrollo de la imagen corporal y por ende en las representaciones psíquicas tanto conscientes como inconscientes, son lo que las neurociencias mencionan como los aspectos explícitos e implícitos del self (Schore, 2008). Este esfuerzo por parte de las neurociencias de conocer donde se encuentra lo inconsciente en el cerebro humano, plantea la idea de que el cerebro derecho que se desarrolla tempranamente, estaría encargado de alojar al self implícito. Al respecto, Schore, (2008) menciona que el self implícito inconsciente se va formando de manera muy temprana a través del ciclo vital y que este opera de manera cualitativamente distinta al self explicito consciente, el cual se forma con posterioridad.
El psiquiatra Simón Guendelman (2013) refiere que los efectos del trauma, tienen directa relación con modificaciones específicas del hemisferio derecho del cerebro. Esto se deberá a que en la etapa de la primera infancia, específicamente antes de los 3 años, estas estructuras se encuentran inmaduras, para ser influidas principalmente por la relación social y que además, estas estructuras están directamente asociadas a la regulación afectiva y el procesamiento de las emociones. Por lo tanto la relación (apego) madre e hijo será fundamental en el desarrollo del hemisferio derecho del niño, determinando a su vez la calidad de la relación. Además el autor menciona que es justamente en este hemisferio cerebral donde se regulan los ciclos circadianos, y que antes de los 3 años están aún en estado de maduración la corteza órbito frontal y la mielinización del cuerpo calloso, que permitiría la comunicación entre el hemisferio cerebral derecho (lo implícito) y el hemisferio izquierdo (lo explícito o racional). Considerando estos puntos, la disregulación del hemisferio derecho producida antes de los 3 años de edad producto de una ineficaz socialización en cuanto sistema de apego inestable establecería el principal mecanismo de apego traumático y subsecuente patogénesis.
Tomando en consideración estas implicancias del desarrollo del hemisferio cerebral derecho, relacionado con la percepción implícita o inconsciente y por ende de los patrones de relación afectiva y social, es que podemos comprender la importancia del trabajo con las imágenes psíquicas que emergen de lo inconsciente y por ende de lo crucial del papel que ocupa el cuerpo en la psicoterapia. Ahora mayor relevancia toma su lugar si la metodología del psicodrama, trabaja directamente sobre la intervención de este en las escenas personales y grupales.

Por último con respecto a la memoria corporal, Fonseca (1995) refiere que el psicodrama genera la activación de ambos hemisferios cerebrales, reviviendo las huellas Mnémicas, trayendo sus implicancias al presente, dando mayor movimiento al psiquismo y activando procesos mentales a través de la música, las imágenes, la imaginación, el color, la creatividad, el ritmo, entre otras actividades.

Referencias:
  • Farah, R. (2008) Integração psicofísica: o trabalho corporal e a psicologia de C.G.Jung. São Paulo: C.I.Editora.
  • Fernández, N. (2013) Psicodrama Arquetipal. Edit. Escuela venezolana de Psicodrama. Caracas, Venezuela.
  • Fonseca, E. (1995) “Psicodrama”, Revista da Sociedade Portuguesa de Psicodrama.
  • Guendelman, S. (2013) Neurobiología del trauma. Seminario teórico-clínico: Trauma relacional, corporalidad y vínculo terapéutico. Centro de estudios en psicoterapia relacional corporal: Santiago, Chile.
  • Jung, C.G. (2002) Conciencia, inconsciente e individuación, en Jung, C.G., Arquetipos e inconsciente colectivo, Madrid: Trotta, OC Vol. 9. Parte 1. 
  • Matoso, E. (2008) El Cuerpo, Territorio Escénico. Buenos Aires: Editorial Letra Viva.
  • Sassenfeld, A. (2010) El Lenguaje del Cuerpo como “Técnica Expresiva” en la Psicología Analítica. En M. Abalos (Ed.), Aportes en psicología clínica analítica junguiana (pp.129-143). Volumen III. Santiago de Chile: Universidad Adolfo Ibáñez.
  • Schore, A. (2008) “The right brain implicit self lies at the core of psychoanalysis", artículo a ser publicado en Psychoanalytic Dialogues. Traducción por A. Sassenfeld artículo a ser publicado en Psychoanalytic Dialogues. Traducción por A. Sassenfeld.

martes, 31 de mayo de 2016

Continuación: El cuerpo como lugar de encuentro entre la psicología analítica y psicodrama. Psicodrama y Transferencia.

Psicodrama y transferencia

*Imagen: Paul Klee

Desde estas consideraciones vamos viendo como el proceso en psicoterapia se complejiza más y el cambio abarca mayores dimensiones de las que creíamos posibles.
Respecto a las consideraciones que el psicodrama hace del fenómeno de la transferencia, no se aplica exclusivamente al vínculo terapéutico, y consecuente con el yo – tú de la filosofía del momento de Buber (Bello, 2000), no podríamos hablar de contratransferencia, ya que este término alude al efecto que el paciente ejerce sobre el terapeuta y que toda respuesta que el terapeuta manifieste es producto de la re-acción a los propios contenidos del paciente, esta omisión de la propia historia de quién está puesto en lugar del terapeuta, no es posible si seguimos los principios epistemológicos y filosóficos del psicodrama. Más bien, esta hace referencia a una concepción espacio temporal donde presente/pasado/futuro se estructuran en un continuo que no “es, fue y será” sino “está siendo” en el momento presente del aquí y ahora. Del mismo modo, la dimensión espacial contiene historias tanto del terapeuta como del paciente que emergen y se actualizan constantemente en dicho espacio del aquí y ahora (Rojas-Bermúdez, 1987). Desde este punto de vista para la terapéutica psicodramática no es relevante la linealidad de los hechos en tanto causa efecto, sino la circularidad como continuo temporal de un proceso, lo cual está en directa complementariedad en como Jung consideraba el abordaje de los fenómenos psíquicos, en tanto manifestaciones de lo inconsciente que no están sujetos al espacio-tiempo, no por ello dejando de lado la historicidad de los hechos biográficos personales.
Para dar respuesta al fenómeno transferencial surge el concepto de tele, que Moreno lo definió como la capacidad de percibir, de manera objetiva, lo que ocurre en las situaciones y lo que sucede entre las personas que en psicodrama hace referencia a la empatía recíproca, que conlleva aspectos compasivos, pero no necesariamente de simpatía. De esta manera, en la terapia psicodramática se busca el equilibrio entre el análisis de la transferencia y el tele y los contenidos contingentes (Reyes, 2007).
Según Bustos (1985), el cuerpo teórico básico del psicodrama es la sociometría, que en términos generales es una teoría de las relaciones interpersonales que se centra en la dinámica vincular de las personas,

Los seres humanos se vinculan a partir de tres signos básicos: el positivo, negativo y neutro. La coincidencia en un vínculo de dos signos de la misma denominación se llama mutualidad, la elección con dos signos diferentes, incongruencia (…) Todo vínculo se realiza a través de un rol con su rol complementario… Los roles se agrupan en conjuntos a través de similitud funcional que se denominan clúster (Bustos, 1985, p.17)

Íntimamente ligado a la dinámica vincular aparece el factor tele aludido anteriormente. Al respecto Bustos enuncia que el factor tele correspondería a toda transacción que se pudiese dar entre personas, y que de éste derivan dos caminos: el tele que aseguraría la correcta percepción recíproca al que da lugar el encuentro; y la percepción distorsionada del otro que daría lugar a la transferencia. Al respecto enuncia lo siguiente:

El indeseable aspecto transferencial del factor tele es, sin embargo, un importante indicador que conduce la terapia hacia donde es necesario dirigirla. Denuncia las figuras internas a los que los roles han quedado fijados. Es así que el vínculo terapéutico se asienta en el aspecto Télico de la comunicación. (Bustos, 1985, p.17)

Como ya se sabe, evolutivamente el ser humano se desarrolla a partir de un complementario primario del cual se hace necesario diferenciarse en busca de nuevos complementos. Mientras más roles complementarios y sanos logre ejercer un sujeto, mayor será su grado de salud.
Siguiendo esta idea, el factor tele y transferencia considerado en el paradigma psicodramático, impulsa a realizar paralelos entre los planteamientos de Jung respecto a los fenómenos posibles de emerger en el campo transformativo, ya que ambas teorías permiten profundizar en los fenómenos relacionales que se observan ya sea en una imaginación activa, en el trabajo con sueños, en una relación diádica como así también en una dramatización, ya sea de una escena de la historia biográfica, del trabajo con los sueños o de la amplificación dramática de un motivo colectivo como un mito, cuento, película, etc.

Desde esta perspectiva, pudiéramos hablar de un campo transformativo psicodramático. Y en este espacio el lenguaje es cognitivo, afectivo y corporal, es decir, una triada psicodramática, donde drama tiene un sentido de drama=acción, es poner la psique en movimiento, donde indudablemente no podremos dejar el cuerpo de lado.
En este sentido, Fernández (2013) menciona que,

La dramatización descompone como un prisma una multiplicidad de aspectos que se expresan en imágenes que configuran interpretaciones desde diferentes dimensiones: conceptuales, sensoriales, afectivas, emotivas, intuitivas, axiológicas. Es así como la evocación de las imágenes y su representación permite no solo la elaboración de las situaciones conflictivas, sino también la expresión de las posibilidades latentes (p. 33).

En este sentido, la triada psicodramática forma parte de un aspecto fundamental de la teoría Moreniana. Consiste en que el ser humano se constituye como tal a partir de tres dimensiones fundamentales, y si bien cada una de ellas opera desde mecanismos propios, no hay preponderancia de ninguna por sobre de las otros dos; es decir, mente, cuerpo y afectos ocupan un lugar igualmente trascendente y determinante en la estructura del sujeto.

Esto no significa que no haya distinción alguna respecto de las funciones que cumple cada dimensión, y de cierta forma el camino evolutivo del sujeto ya descrito anteriormente, además del logro de la autonomía, la adopción de roles sociales y la flexibilidad en los mismos, tendrá que ver con la capacidad de sentirse integrado, tanto en lo que ocurre a nivel mental, corporal y emocional. Estas incongruencias o congruencias que puedan aparecer en la relación con el terapeuta, emergen a modo de transferencia o tele.

Referencias:


  • Bello, M. (2000). Introducción al pensamiento de J.L Moreno. México: Editorial Colibrí.
  • Bustos, D. (1985). Nuevos Rumbos en Psicoterapia Psicodramática. Buenos Aires: Editorial Momento.
  • Fernández, N. (2013) Psicodrama Arquetipal. Edit. Escuela venezolana de Psicodrama. Caracas, Venezuela.
  • Rojas-Bermúdez, J. (1987) ¿Qué es el psicodrama? Buenos Aires: Editorial Paidós

jueves, 26 de mayo de 2016

Entre psicodrama y psicología analítica





Un encuentro de a dos: ojo a ojo, cara a cara,
y cuando estés cerca arrancaré tus ojos
y los colocaré en el lugar de los míos
y tu arrancarás mis ojos y los
colocarás en el lugar de los tuyos,
entonces te miraré con tus ojos
y tú me mirarás con los míos.”
(Moreno, 1995, p.15)

La función simbólica y las técnicas expresivas

La actitud simbólica está referida a la capacidad del ego para poder adoptar una postura hacia los contenidos de la psique, que fomenten una relación de cooperación con respecto a lo que emerge desde lo inconsciente (Byington, 2009; Dieckmann, 1990). Para poder incorporar los contenidos que el ego percibe a través de un objeto interno o externo, este adopta una actitud particular en como significa esa experiencia. Esta traducción del estímulo o imagen que alcanza a la conciencia puede ser tomada de manera literal, concreta y objetiva, dentro de lo cual las posibilidades de interpretar cierta vivencia puede ser reducida a lo que el yo interpreta de ello. Sin embargo, una actitud simbólica involucra que esa misma vivencia puede adoptar significados y una comprensión muy diversa y desde muchas aristas diferentes, ya que al ser considerada por el yo desde una interpretación subjetiva, esta puede adoptar diversos significados, pudiendo ser amplificada la experiencia más allá de lo que concretamente sucedió (Dalett, 1984). Por ejemplo, un sueño donde la persona ve que un camión se acerca por la carretera y este camión se cae por el barranco y el soñante despierta muy asustado. Pudiera este hecho ser interpretado de dos maneras diferentes. Una tomar el sueño de forma objetiva y concreta donde el soñante piense efectivamente que en algún momento pudiese verse enfrentado a un accidente automovilístico con un camión. Si esa vivencia onírica, es observada por el ego de manera simbólica, el sueño adopta una complejidad aún mayor, lo que aparece en el sueño no es reducido a la interpretación literal, sino más bien es circunvalada por el ego. Observa como el conjunto de símbolos que aparecen en el sueño como el camión, la carretera, la sensación y emoción del soñante, los colores, momentos del día en el sueño, entre otros elementos, permiten que el ego pueda extraer de esa vivencia un conjunto de significados ampliados y que relacionados entre sí, configuran la totalidad del sentido del sueño, desde qué significa para el ego, los símbolos que emergen. Esto puede ser llevado a cabo a través de los sueños, de una manera particular de moverse, de una pintura, de un conjunto de colores, de sonidos, de un poema y de imágenes mitológicas entre otras manifestaciones.

Desde este punto de vista, las técnicas expresivas, nos permiten hacer esta conexión para que emerjan contenidos desde lo inconsciente y el ego advierta la posibilidad de ampliar los significados que atribuye a su experiencia interna, viéndose enriquecida la posibilidad de sentido a su vivencia a partir de esta actitud simbólica.
Uno de los métodos que últimamente han emergido dentro del campo de la psicoterapia que intenta unificar la relación entre la función simbólica y la expresión corporal como puente en la elaboración de conflictos internos y relacionales ha sido el psicodrama arquetipal, también denominado, psicodrama individuativo, psicodrama analítico-sintético, o de orientación moreneano-junguiano. (Fernández, 2013).
Este método según Fernández (2013) se caracteriza principalmente en la elaboración simbólica que hemos tratado con anterioridad y en los arquetipos, “utilizando la amplificación de imágenes que van surgiendo en el transcurso del procedimiento psicodramático” y que “permiten hacer contacto con lo irracional del inconsciente y romper con la racionalidad y el intelectualismo” (p. 31).
Siguiendo a la autora, esto es generado gracias a la comunicación de experiencias íntimas de un protagonista, que hace de emergente grupal, en cuanto la historia de su propio mundo interno es expresada en el grupo a través de la acción y en donde los yo auxiliares, es decir, las demás personas que participan como testigos o como dobles de la escena, pueden ir generando su propia catarsis o elaboración de temáticas que hablan a la vez de su propio mundo interno y relacional.
Sin embargo, ¿cuál es el papel que cumple el cuerpo dentro de todo esto?
Desde la psicología analítica, es considerada la sanación en el momento en que la personalidad del individuo puede continuar con su proceso de individuación, sin que ciertos complejos personales ejerzan una influencia tal en la conciencia, que este se vea paralizado, limitado en la expresión sana de sus posibilidades de desarrollo. Es por esto, que el trabajo de psicoterapia involucra la elaboración de experiencias que han quedado fijadas en la psique y que muchas veces sustrae la energía disponible en esta para poder continuar creciendo y desarrollándose. Estas vivencias alojadas en los complejos implican la necesidad de poder contactarse con contenidos de lo inconsciente de una manera que sean tolerables y posibles de elaborar por el yo, ya que si esto no sucede y los elementos que emergen del inconsciente resultan muy amenazantes para la personalidad, este hará que emerjan mayores defensas psíquicas y no se pueda elaborar los contenidos necesarios. Las técnicas expresivas, posibilitan acercarse a contenidos inconscientes de una manera que propician el movimiento de la conciencia y del yo de una manera paulatina (Sassenfeld, 2010), menos amenazante si estas son llevadas a cabo cuidadosamente, ya que por sí solas, las técnicas expresivas no generan la elaboración de la conciencia respecto al contenido inconsciente, sino que estas deben ir acompañadas de un espacio y lugar donde el yo se sienta “cómodo” para entrar en la experiencia.

Podríamos considerar este espacio a modo de un themenos, lugar que en la antigüedad era considerado un espacio sagrado de unión con lo trascendente. En la psicoterapia este espacio está dado por el setting o lugar en donde se realiza el proceso de psicoterapia. En cuanto al psicodrama este themenos analítico “es el espacio sagrado, reservado para la representación de las escenas” (Fernández, 2013, p. 32). En psicología analítica vemos como este themenos Jung lo denominó como el campo transformativo, en donde la relación terapeuta-paciente se da tanto en los ámbitos conscientes como inconscientes. Sabemos al respecto, que a lo consciente hacemos alusión a todas las emanaciones de la psiquis, ya sean, expresiones en forma de actitudes y reacciones hacia sí mismos o hacia el mundo que conocemos de nosotros mismos (Stein, 1984). Sin embargo, en el campo de lo inconsciente emergen continuamente contenidos en donde ni paciente ni terapeuta alcanzan a percatar que es lo que está sucediendo entre ambos, desde ahí que la transferencia sea mutua, y el concepto de campo transformativo sea un mejor concepto para definir lo que sucede en una escenificación psicodramática.

Referencias:


  • Byington, C. (2009) Introducción al Estudio de las Técnicas Expresivas por la Psicología Simbólica Junguiana en Psicopatología Psicodinámica Simbólico- arquetípica 2 Montevideo: Prensa Médica Latinoamericana, p. 103-123.
  • Dieckmann, K. (1990) Methods in Analytical Psychology Illinois: Chiron Publications: Cap.13: Active Imagination, pags. 183-191.
  • Fernández, N. (2013) Psicodrama Arquetipal. Edit. Escuela venezolana de Psicodrama. Caracas, Venezuela.
  • Moreno, J.L. (1995). El Psicodrama, Terapia de acción y principios de su práctica. Editorial Lumen. Buenos Aires: Argentina.
  • Sassenfeld, A. (2010) El Lenguaje del Cuerpo como “Técnica Expresiva” en la Psicología Analítica. En M. Abalos (Ed.), Aportes en psicología clínica analítica junguiana (pp.129-143). Volumen III. Santiago de Chile: Universidad Adolfo Ibáñez.
  • Stein, M, (1984) Junguian Analysis London: Shambhala. 

martes, 13 de octubre de 2015

El proceso de individuación en la primera y segunda mitad de la vida. Totalidad, mitos y alquimia.



En la primera mitad de la vida, la individuación se caracteriza por promover en el individuo una adecuada adaptación al mundo. Esto implica en primer lugar que el proceso comience con una dependencia total hacia la matriz poco diferenciada entre el yo – no yo.
En el caso del infante este permanece en un estado de indiferenciación con el cuidador, lo cual es necesaria para su sobrevivencia al poder satisfacer de esta manera sus necesidades primarias. Sin embargo, posteriormente el infante requiere gradualmente generar una diferenciación de ese estado llamado Urobórico. Por lo cual en esta etapa requiere de una gradual separación con la madre o el cuidador primario. Posteriormente se va conformando en forma reiterada una mayor diferenciación, lo cual genera el emerger de un estado de conciencia mayor, pero no totalmente individualizado.
Solo en una tercera etapa del proceso de individuación, cuando el ego logra consolidar su autonomía, es que surge conciencia. Cuando esto sucede, la realidad se parcializa al menos en dos polaridades, es una función mayormente patriarcal en que se posibilita la separación de la anterior etapa donde primaban funciones maternas.
En esta instancia quisiera hacer hincapié en la palabra función, ya que son justamente equivalentes a la forma de operar de características psíquicas entre polaridades, que sirve para designar experiencias que responden a maneras de expresarse lo anímico, y por ello no responden necesariamente a funciones estrictamente determinadas por el sexo o el género, es decir, lo masculino y lo femenino, sino más bien a expresiones de la psique que están más o menos desarrolladas tanto en hombres como en mujeres. Por ejemplo la característica de contención y nutrición pueden ser otorgadas tanto por un hombre/padre como de una mujer/mamá pero que sin embargo responden a experiencias arquetípicamente asociadas a lo materno, vuelvo a reiterar, como función psíquica, pero que pueden ser ejercidas tanto por un hombre como de una mujer.

En una segunda etapa o mitad de la vida, el proceso de individuación ya no solo es lograr una adecuada adaptación al mundo, a partir de un ego y conciencia diferenciada. En esta etapa lo primordial es el recogimiento de las experiencias pasadas y el contacto con procesos mayormente internos del individuo. Hay una búsqueda del establecimiento relacional desde la alteridad, el contacto con la parte contrasexual, el ánima en el caso de los hombres y animus en el caso de las mujeres.
Esto también implica el contacto con aspectos no reconocidos de la propia psique, es decir, el enfrentar la sombra y la relación más estrecha con lo inconsciente. Esto implica la aceptación de que el ego no es ya el centro de la personalidad, sino más bien comienza una apertura hacia la aceptación o confrontación con una instancia autónoma respecto al yo, que conecta con lo numinoso. En esta segunda etapa del proceso prima entonces el mundo interno de la persona que debe ser rescatado de lo inconsciente. Esto en muchos casos implica la confrontación con aspectos que no se ha querido aceptar de sí mismos y que forman parte de la personalidad de la persona, pero que ha debido en la primera etapa de la vida ser relegados para promover una mayor adaptación al mundo, sin embargo, en esta etapa ya no se requiere solo una adecuada adaptación, sino más bien descubrir aspectos de la propia psique que no han sido desarrollados o que no se han aceptado por el carácter de incongruencia con la propia identidad. El descubrimiento de estos aspectos individuales, más allá de los roles sociales, permite el contacto con una fuente numinosa, que forma parte de sí mismo, pero que lo trasciende, el contacto con esta parte de la psique, no es subyugada a la voluntad del yo, sino que es por completo autónoma de este, lo que permite el contacto con “lo otro”, el Self. Este también entrega la sensación de totalidad, en el sentido propio de que la persona ya no se siente el centro de sí mismo, el yo no es la totalidad sino solo una parte de sí, lo que permite dejar espacio a que el Self se manifieste en cooperación con el yo del individuo, esto permite una mayor integración entre el ego y el Self, por lo cual en esta segunda mitad del proceso de individuación, el individuo no queda subyugado a las fuerzas del inconsciente, sino más bien con mayor conciencia puede hacer un trabajo en colaboración con este, así frente a dificultades de la propia vida, puede hacerse con mayor entendimiento y aceptación lo que el Self sugiere para la continuación del desarrollo. Por ello que en esta última etapa, se activaría el arquetipo del viejo sabio, en tanto mantiene comunicación directa con aspectos numinosos de la psique y a la vez mantiene una adecuada adaptación y colaboración incondicional con el mundo. Esta es la integración que genera la individuación.
 A esta experiencia Jung llamo el encuentro con el Self, en que el yo comienza a cooperar en conjunto con el Self hacia la búsqueda de la totalidad, la completitud de la psique.

“Es el viejo juego del martillo y el yunque. El hierro que surge entre ambos es forjado hasta dar una totalidad indestructible: el “individuo””

Con esta frase, Jung hace alusión al proceso dialectico entre la conciencia y lo inconsciente. En primera instancia la confrontación entre ambas instancias psíquicas es propiamente tal una tensión entre ambos pares de opuestos, lo que la conciencia desea es muchas veces y en primera instancia (sobre todo en la primera etapa del proceso de individuación) una actitud mayormente unilateral con respecto a lo inconsciente, esto en rigor debe ser así, para promover una separación con esta instancia. Sin embargo el choque entre estas instancias (conciencia e inconsciente) y la tensión que se genera entre ambas fomentan el desarrollo a través de la generación de un tercer aspecto que permite compensar ambas actitudes. Este tercer elemento, actitud o como se quiera llamarle, permite no solo disminuir la tensión, sino además permitir la unificación conciencia e inconsciente, y de esta forma la psique del individuo se vuelve una totalidad, en el sentido de que son considerados los contenidos tanto de la conciencia como del inconsciente y no la inclinación por una u otra actitud. El individuo por lo tanto, TOTAL, implica una relación dialéctica entre ambas instancias, de forma constructiva y no segregada, dividida, fragmentada o disociada, sino más bien ser individuo implica integración de ambos aspectos psíquicos que conllevan tanto lo colectivo como lo individual.

Este proceso puede verse reflejado a través del  mitologema de Frobenius.


Este mitologema puede ser interpretado como la necesidad del individuo de sumergirse en lo inconsciente, desde donde requiere contactarse con contenidos que ahí se encuentran para poder retomar el desarrollo, esto implica el contacto con el Self desde donde el individuo recibe los símbolos necesarios para poder desarrollar una nueva actitud de la conciencia frente a algún conflicto. El sumergirse en el inconsciente además implica un conjunto de dificultades que la persona comienza a vivenciar, por el contacto de aspectos no considerados con anterioridad, por lo cual su resolución implica una revivencias de esas etapas, lo cual concluye con la persona, o el héroe en el caso de los mitos, transformado, símbolo en el mito de la calvicie posiblemente asociada a la pérdida de cabello con el paso del tiempo.
Por otra parte podríamos encontrar este mito reflejado en los ciclos naturaleza: de noche, (introducción a lo inconsciente) y el día momento donde prima la conciencia (ningún día es igual al anterior, lo que implica un cambio en la actitud para enfrentar la realidad).

La comprensión de la alquimia contribuyó al desarrollo del pensamiento de Jung.

Me parece que la alquimia posibilito que Jung pudiese hacer paralelos entre aquellos hallazgos que dentro del campo de lo psíquico había desarrollado en el trabajo de psicoterapia y se encontró con que las imágenes internas de los alquimistas hacían alusión a aspectos semejantes que Jung encontraba en sus pacientes. Con el estudio de la alquimia, Jung pudo comprender de qué forma se comporta lo inconsciente y de qué forma poder relacionarse con este de una forma cooperadora. El dialogo con las imágenes inconscientes, era una actividad muy practicada por los alquimistas a través de una especie de meditación. Jung más tarde al practicar esto se dio cuenta de la autonomía de lo inconsciente y del lugar en que queda la conciencia frente a estos contenidos. Si bien en la alquimia estas imágenes eran alegorías animalescas, Jung llevo esto al campo de lo inconsciente histórico subjetivo e ideó a través de esta técnica una forma de extraer el significado de los sueños a través de lo que llamo su imaginación activa. La alquimia en definitiva, contribuyo en Jung una forma de comprensión mayor acerca de cómo se comporta lo inconsciente y como ciertas imágenes que surgen en este hacen alusión no solo a elementos individuales del sujeto, sino además de aspectos colectivos que llamó arquetípicos ya que se presentan en diversos individuos y culturas. Por otra parte, la alquimia ayudo a comprender cierta estructura de la psique, que tanto el con sus investigaciones en el campo de la mitología como la alquimia y estudios de sus pacientes, hizo paralelos con alegorías químicas y lo que los alquimistas vivenciaban interiormente en su proceso de transformación anímica a medida que transformaban los metales. Como el contacto con algo incorruptible o el oro alquímico, lo cual suponía el contacto con el Self en Jung, las figuras animalescas como compendio de complejos en la psicología analítica, etc.
Por lo tanto la comprensión de la alquimia me parece, posibilito que Jung pudiese extraer formas de relación con lo inconsciente y la comprensión en cómo se comporta este, por ende, cual es el sentido de su papel para la psique.

¿Qué función cumplen los mitos?

Los mitos cumplen la función de entregar a la psique un camino por el cual desenvolverse y guiarse, una especie de mapa psíquico en donde están reflejados comportamientos, valores, dificultades, temores, crisis, etc., de un colectivo. Tienen la función además, de compensar la actitud de la conciencia colectiva.
Por ende, los mitos entregan sentido a la forma de vivir de un pueblo o comunidad, sentido de pertenencia y comprensión acerca de la realidad y de la relación del hombre con su entorno. Permite al ser humano y su colectivo darle significado y comprensión a aspectos de la naturaleza y a hechos existenciales, que sin mito los individuos acaecerían en una falta de sentido. Por otra parte los mitos permiten mantener la identidad de un grupo, conectarse con lo numinoso en tanto crea imágenes que permiten contactarse con lo sagrado y así que los individuos integren en su propia psique esas imágenes, de las cuales si el hombre carece, las reemplaza con otras las cuales no siempre pueden permitir facilitar su propio proceso de individuación.

miércoles, 22 de abril de 2015

LA PSICOLOGÍA ANALÍTICA JUNGUIANA Y EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD




Una de las consideraciones más esclarecedoras respecto a la teoría junguiana y el desarrollo de la personalidad, es que esta comienza por ser definida en términos de metas, apuntando, según la etapa del desarrollo en que se encuentra el individuo al logro de ciertas funciones.
Dentro del desarrollo de la vida de un individuo, Jung separó ésta en un primer y segundo momento.

Dentro de la primera mitad de la vida, esta debía apuntar a la resolución de problemáticas biológicas, psicológicas y sociales, por lo tanto, el trabajo psicológico apuntará hacia el manejo de los impulsos, los deseos sexuales, las sensaciones, entre otras manifestación psicosomáticas.
Dentro de esta primera etapa, el desarrollo impone a la conciencia una cierta direccionalidad o movimiento que va desde adentro hacia afuera del individuo. Por ello, en una primera etapa el niño o adolescente tiene que adaptarse al mundo, es decir, cumplir con demandas de este, realizando conexiones entre lo que dentro de su personalidad exige y lo que su contexto exterior va imponiendo mientras se va desarrollando.
Por lo tanto se trata de un progresivo desarrollo psíquico y equivale a la expansión o ampliación de la conciencia, la cual se desarrolla en forma de diferenciación de ciertas funciones (Jung, en Sassenfeld, 2012a, p.5). Es un proceso guiado por la tendencia intrínseca y espontánea hacia la actualización de potencialidades latentes del organismo y con intenciones orientadas hacia el proceso de individuación.

Así observamos una cierta tendencia en la primera mitad de la vida a la unilateralidad de la psique y la fundamental importancia del desarrollo del Yo, para establecer y poder lograr un óptimo desarrollo de la personalidad. En la primera mitad de la vida se desarrollan más funciones que otras, existe una necesidad de adaptación externa. Al respecto, Sassenfeld (2012b) destaca la particularidad de este periodo, en donde lo primordial recae en la necesaria adaptación al mundo, lo cual impone a la conciencia una direccionalidad que va desde adentro hacia afuera. Esto se verá reflejado en que la tarea principal del infante en esta etapa, es la necesaria diferenciación de su conciencia  de la de sus cuidadores.
En este sentido, Sidoli (1984) siguiendo a Fordham manifiesta que el infante “es principalmente inconsciente en estas tempranas etapas de vida, pero no totalmente inconsciente, a menudo en los estados de identidad, pero no todo el tiempo” (p. 140). Este ir y venir entre estados de conciencia e inconsciencia que manifiesta la autora, tendría la función de que el infante vaya conociendo activamente los estados emocionales de la madre.

Considerando lo anterior, podemos comprender el desarrollo como un proceso a lo largo de la maduración del individuo en donde este va sobrepasando ciertas etapas y por ende las problemáticas o trastornos psicológicos serán entendidos como resultado de procesos del desarrollo que no fluyen con naturalidad. Los síntomas desde esta perspectiva vendrían siendo sustitutos de procesos “estancados” necesarios para la individuación y que el paciente ha tratado de evitar (Hall, 1986, en Sassenfeld, 2012). Desde esta perspectiva, los síntomas son necesarios y la neurosis se configura como algo que forma parte del desarrollo normal, dado que la inevitable unilateralidad de la psiquis en los primeros años de vida trae como consecuencias una disociación de la personalidad.
Otro punto importante a destacar, es que Jung no solo se dio cuenta que lo inconsciente posee una parte que ha sido reprimida o disociada de la conciencia por su carácter de incompatibilidad con esta, debido principalmente a vivencias intensamente cargadas de emoción (Kalsched, 1998; Sassenfeld, 2007; Stein, 2004), sino que además posee contenidos que nunca han llegado a ser conscientes. A estos contenidos Jung (2004) denominó como arquetípicos,  provenientes de una parte del inconsciente, que a diferencia del inconsciente personal donde se hallarían los complejos personales (partes del psiquismo subjetivo), estos pertenecen a un inconsciente colectivo y por ende comunes a toda la humanidad.
El carácter colectivo de los arquetipos no quiere decir que estos representen lo mismo para un conjunto de individuos, el arquetipo es el mismo, pero el significado para cada imagen arquetípica (representación subjetiva que cada sujeto posee) va a variar según la propia historia del individuo y que va a dotar a cierta imagen, una valoración conforme su propia experiencia de vida. A partir de ello “entenderemos que los símbolos que encarnan estos arquetipos, se llaman arquetípicos” (Carrasco,  2007,p.81).

Así entenderemos que estas pautas arquetípicas y su interacción con el ambiente, así como la asimilación e integración de los elementos inconscientes en la estructuración de la personalidad; son denominadas “intenciones arquetípicas” (Stevens, 1990, en Sassenfeld, 2012) o “personalización secundaria” (Neumann, 1949a, 1949b en Sassenfeld, 2012); Se trata de vivencias arquetípicas  que terminan por convertirse en la estructura y dinámica de la psique. Los padres aparecen como las principales figuras representativas en la primera infancia de arquetipos influyentes en la psique del niño, para con el tiempo ir creando su imagen individual en el complejo materno y paterno, y la posterior  formación de las instancias psíquicas: máscara-sombra, anima-animus como mapa intra-psíquico de las dinámicas del ser humano en formación.
La relevancia de estas consideraciones dan cuenta de un modelo fundamentalmente más amplio y abarcador. Es habitual encontrar teorías del desarrollo de la personalidad que se estructuran en etapas o ciclos, pero lo que no es habitual (y particular de esta teoría) es la definición de personalidad que propone Jung, la cual pone en un lugar predominante la participación del inconsciente en los primeros años de vida y en la configuración de la personalidad. Por lo tanto, la infancia se posiciona como rectora del destino de la persona:

“La infinitud del alma infantil preconsciente desaparece o se conserva con ella. Por tanto, los restos del alma infantil en el adulto son lo mejor y lo peor de él, y en todo caso forman el spiritus rector secreto de nuestras acciones y nuestro destino más significativo, ya seamos conscientes o no de esto.”  (Jung, 1910, p 44)
Vale aclarar que por destino se entiende,

un factor irracional que impele fatalmente a la emancipación del rebaño (…) la auténtica personalidad siempre tiene un destino, cree en él, lo venera como a un Dios (…) tener un destino significa, en sentido primitivo, ser llamado por una voz.” (Jung, 1940, p.170)

Por otra parte, en cuanto a significación teórica, resaltan los conceptos de pautas de desarrollo arquetípicas innatas, que lejos de concebirse como estereotipadas, más bien nos habla de “estructuras arquetípicas de la conciencia que son al mismo tiempo universales en sus formas y fundamentales y únicas en sus manifestaciones individuales” (Stevens, 1990, en Sassenfeld, 2012, p.5). Para Jung  la personalidad es la principal colaboradora  en el camino hacia la totalidad, y el despliegue de la personalidad, cuenta no solo con funciones específicas de la conciencia, sino también con una naturaleza intrínseca, auto-actualizante y arquetípica que nos brinda las pautas para un desarrollo y despliegue total del ser humano. Al hablar de despliegue total hablamos de la máxima posibilidad de autenticidad de la personalidad con intenciones hacia la individuación. “Personalidad equivale a decir suprema realización del carácter ingénito de determinado ser viviente” (Jung, 1940, p.164)

En relación a la relevancia clínica el aporte más importante está dado por una concepción de que los cuadros clínicos desde el punto de vista analítico, son una llamada de “alerta”, ya que los síntomas neuróticos o psicóticos podrían estar indicando la sustitución de un paso necesario para la individuación que el paciente ha tratado de evitar (Hall 1983, en Sassenfeld, 2012, p.38); un sistema psíquico auto-regulador que se activa cuando las “intenciones arquetípicas” se ven frustradas, lo cual significa tanto desde la perspectiva del terapeuta como del paciente, la confianza en un proceso que es natural y que colabora con las propias tareas evolutivas del niño y del adulto que en realidad no es más que “un niño eterno que sigue formándose, que nunca estará terminado y que necesita constante cuidado, atención y educación.” (Jung, 1940, p.162)

Por otra parte, esta concepción del desarrollo de la primera mitad de la vida apunta a una especial atención a lo intra-psíquico  y a las configuraciones de un psiquismo, que aunque dinámico, asentará las bases para todo desarrollo posterior. Por lo tanto, la comprensión del modo en que el niño ha vivido y significado su vida nos da las pautas (y que son arquetípicas) necesarias para trabajar con un adulto que, habiendo desatendido su mundo interno en pos de la adaptación, busca la completa expresión consciente de su camino propio.

REFERENCIAS

-Sassenfeld, A. (2012a). Algunos aspectos generales de la teoría de Jung . En A. Sassenfeld, El desarrollo humano en la psicología analítica jungiana (pp. 4-8). Saarbrücken: Editorial Académica Española.

-Sassenfeld, A. (2012b). El modelo estructural y la teoría de la individuación. En A. Sassenfeld, El desarrollo humano en la psicología analítica jungiana (pp. 14-36). Saarbrücken: Editorial Académica Española.

-Sassenfeld, A. (2012). El desarrollo humano en la psicología analítica junguiana. Saarbucken: Editorial Académica Española.

- Sassenfeld, A. (2007). El complejo, los orígenes relacionales de la subjetividad y lo inconsciente. En M. Abalos (Ed.), Aportes en psicología clínica analítica jungiana (pp. 25-40). Volumen I. Santiago de Chile: Universidad Adolfo Ibáñez.
-Sassenfeld, A. (2014) La psicología analítica junguiana y el desarrollo de la personalidad. Cátedra  Magister en psicología analítica Junguiana, año 2014.  Universidad Mayor. Santiago: Chile.

-Sidoli, M. (1988). Analysis: a space for separation. En Sidoli, M. and Davis, M.   (pp. 107 – 128). Junguian child  psychotharerapy.. Karnac. Books. London.

-Stein, M. (2004) El mapa del alma, según Jung. Ediciones Luciérnaga, Barcelona.

-Jung. C. (1940). Sobre la formación de la personalidad. En C.G. Jung, La realidad del Alma. Buenos Aires: Editorial Losada.

-Jung, C.G., (1934) Consideraciones generales sobre la teoría de los complejos, en  Jung, C.G. (2004), La dinámica de lo Inconsciente,  Madrid: Trotta, OC 8.

-Jung. C. (1910). Introducción al libro de francés G.  Wickes. Análisis del alma infantil. En C. Jung  Sobre el desarrollo de la personalidad. Obras completas v 17. Editorial Trotta. Madrid. España.

-Kalsched, D. (1998). Afecto, ansiedad y defensa de carácter arquetípico en pacientes que han sufrido traumas tempranos. En A. Casement (Ed.), Post-Jungians Today: Key Papers in Contemporary Analytical Psychology (pp. 83-102). London: Routdledge.


*Imagen: Paul Klee

lunes, 16 de junio de 2014

Cogitationes Et Confessionibus.



 Toda Obra implica un trabajo, y todo trabajo involucra dedicación, cuidado, voluntad y preparación. Es de especial interés para aquel que escribe algo, sea cual sea su temática, que aquello que escribe tiene algo de vital importancia que necesita ser expresado fuera de sí mismo. El ser expresado implica en ello sacar hacia afuera lo que estaba dentro, y con ello ponerlo a disposición de los otros. Podríamos casi decir que cuando alguien se encuentra con algo que es de una importancia vital, necesita ser manifestado y comunicado, casi como un sueño que causa consternación al soñante. Lo mismo me parece cuando se escribe un libro o se dibuja un pintura o se realiza cualquier trabajo creativo.
Me pregunté el para que escribir algo. ¿Por satisfacción personal? ¿o porque tenía algo importante que comunicar a los demás? ¿o porque quizás sentí estaba frente a una verdad de mi propia subjetividad y ello requería ser observada desde una mayor distancia, lo que me permite escribirla?. Esto nos lleva a la pregunta: ¿Porque el escritor necesitó escribir? ¿Porqué el escritor necesitó hacer su pintura?.
Estas preguntas me hicieron y me hacen preguntar acerca de ¿qué es lo que mueve a los seres humanos a hacer lo que hacen? Y ¿Porqué hacen cosas que a veces no quieren hacer? Y ¿Porqué no hacen aquello que quisieran hacer?. ¿Hay una instancia, algo que vive en el ser humano que ni siquiera el mismo conoce, pero que define su destino?.

Lo que sé es que como persona no siempre decido lo que me pasa, no decido tener un sueño, ni que me de hambre, ni enamorarme, esto solo me sucede, acontece, se me presenta, por ende debo aceptar que gran parte de mi vida no la dirijo a mi voluntad. Sin embargo también me doy cuenta que puedo elegir, que de aquello que se me presenta lo tome o no, en ello si tengo responsabilidad. Y entonces surge la pregunta de si un escritor es o se hace, y aquí entramos en un campo que el existencialismo se ha dedicado a explorar en profundidad y es acerca de lo que llaman esencia.

Aquello que a cada cual lo constituye y lo vuelve particular, lo hace ser uno mismo como diría Jung.
Al parecer, sea como sea, si la esencia viene a priori en una persona o si esta se hace en el acto sagrado de ser-en-el-mundo de Heidegger. Este parece ser de todas formas, un acto de autodescubrimiento.
Por experiencia al menos he constatado que quién vive sin consciencia de esto en su vida, al menos tratando de responderse algunas preguntas sobre su existencia, sufre las consecuencias de una psique enclaustrada en las preocupaciones de la vida cotidiana contemporánea, del automatismo de una vida seca, carente de sentido, donde la mayor preocupación es tener dinero, trabajo, una familia e hijos, y la pregunta del Para Qué nunca se ha planteado, solo se buscan estos fines “porque eso se dice que uno tiene que hacer y tener”. Con ello la persona vive hacia afuera y cercena una parte de sí misma, su profundidad, interioridad y las consecuencias de ello, muchas veces es la enfermedad.
Cuan crucial se hace pensarse a sí mismo y reflexionar al menos en algún grado sobre la propia existencia, sobre la vida, la muerte, sobre todo de esta última. El cuerpo que habito se torna algo más que un cuerpo cuando pienso sobre la muerte. Pasemos un día entero pensando en que en algún momento me voy a morir y viviré el día de manera distinta, mejor aún si vivo con la muerte en mi conciencia todos los días. Hacer este ejercicio es vivir con una conciencia expandida.



Con todo esto solo busco introducir al lector a la idea que sustenta mis motivaciones más profundas, producto de años (aunque no son muchos los que tengo actualmente) de reflexiones en torno al sentido de vivir. Con los años de estudio de distintas disciplinas espirituales, prácticas, ejercicio de la psicología, conversaciones con colegas, amigos, profesionales de distintas disciplinas y lecturas de textos esenciales de tradiciones herméticas, de escuelas iniciáticas, me he ido permeabilizando con una visión de la existencia, con un sentido de mayor trascendencia, entendiendo esto como el encuentro del propio sentido del para qué. ¿Para que vivo?. Hoy en día me respondo ello con la palabra que los alquimistas utilizan para denominar a aquello que está en constante cambio y perfección, la depuración. Mi existencia se justifica con el hecho de pensar en el sentido del desarrollo, constante e irrefrenable y paradógico proceso. Entendiendo desarrollo como un justamente proceso en tanto “algo” cambia su estado anterior, por uno nuevo, pero que no deja de ser él mismo, pero sí cambia o transfigura una parte de sí mismo. Si así lo entendemos, es imposible que alguien no esté en desarrollo a pesar de que su sensación en algún momento sea la de sentirse “estancado”. Aún así nos queda la posibilidad de ver ese estancamiento como parte del proceso de desarrollo que incluso si surge es porque en ese momento en que se encuentra, es necesario, pero no suficiente y esa incomodidad en ese estado pulsa a que el desarrollo necesariamente deba continuar. El conflicto muchas veces está en el cómo y es a esa conflictiva a la que se debe responder. “Tras mi mucho sufrir y gran martirio/he resucitado/transfigurado/y libre de toda mácula”- El resucitado. (Paracelso, en Jacobi, p.314).

Es la búsqueda de este sentido lo que a mí parecer debe ayudar la psicoterapia, no decir como un otro debe proseguir sino mas bien acompañar a un otro a responder a esas preguntas. Cuando digo responder a esas preguntas, no me refiero necesariamente a un proceso intelectual de reflexión; sabemos por sobre todo que la psicoterapia es un proceso que involucra al cuerpo, las emociones, la cognición y el estar en relación, pero que el cambio es un proceso afectivo en gran medida, y es desde esta perspectiva que el sentido toma importancia, no como proceso cognitivo solamente, sino como proceso biopsicoafectivo donde el sentido puede llamarse sensación de sentido, algo incluso no racional, pero que trae consigo una resolución a la tensión afectiva que se trataba en la psicoterapia, lo que muchas veces en primera instancia no involucra un entendimiento desde el pensamiento. ¿Pero cómo esa sensación de no tensión afectiva que se sentía con anterioridad puede ayudar a generar sentido a la experiencia?.
Ya hemos hablado sobre el proceso de desarrollo como motor que da sentido a la existencia . Justamente la sensación de que “puedo seguir desarrollándome”, trae sentido a la existencia. Visto de este modo la sensación de que puedo continuar siendo, abre la posibilidad a seguir experienciando-me y experienciando-los y esto abre la posibilidad a muchas opciones más, de Ser-en-el-mundo.
Lo que digo en este momento es que el poder abrir el campo experiencial que fomenta en la vida un buen y adecuado desarrollo y expresión en el mundo trae sanación. Esto está sustentada en la idea alquimista de que el fundamento de una vida sana es aquella que sigue los preceptos de la naturaleza y se esfuerza por perfeccionarla. La vida en la naturaleza se abre paso al desarrollo. Y este es cambios, ciclos y aquello que está en constante cambio, está vivo. La psicoterapia aboga por la vida. La psicoterapia es hermana de la naturaleza. Igne Natura Renovatur Integra.


Ningún Arte nos es dado por Dios que no lleve en sí la necesidad de su perfección.” (Paracelso, en Jacobi, 2007, p. 170)

Referencias

-Jacobi, J. (2007) Textos esenciales. Paracelso. Edit. Siruela. Madrid: España.

miércoles, 19 de marzo de 2014

El cuento: El niño afortunado, una visión analítica junguiana.


El niño afortunado*

Basado en un cuento ruso, comienza con la profecía que anunciaba que el séptimo hijo de un hombre, que a su vez sea séptimo hijo de otro, destronaría al rey, por lo que este rey y su canciller buscaron a la familia del niño y prometieron cuidar de él en la corte. Al aceptar la familia por las buenas, el rey arrojó al niño a un barranco, pero el niño no sufrió ningún daño y fue criado por un panadero. Cuando se convirtió en hombre, el rey llegó al lugar y al descubrir que no murió, hizo llevar al joven a la corte, dándole una carta sellada por él, sin saber el joven que en ella estaba la orden de matar al portador. En su camino hacia la corte cae dentro de un escondite de ladrones donde conoce a uno; que después de dormirlo con engaños; lee la carta y compadeciéndose de él cambia el contenido por la orden de que al portador se le ofrezca la mano de la princesa. Al despertar el joven afortunado se encontraba en la puertas del castillo donde entrego la carta y se cumplió la orden del rey; el rey al llegar a la corte se sorprendió por lo ocurrido y condicionó su aprobación, siempre y cuando el joven consiguiera la pluma dorada del Grifo (un tipo de monstruo que asolaba el reino), en su búsqueda del Grifo, el “niño afortunado” llega a un lago donde se encontraba una isla refugio y escondite del Grifo, para llegar a ella había un barquero con una maldición de llevar por siempre de orilla a orilla a todo viajero que llegase. Así Afortunado llega a la isla y con la ayuda del mismo ladrón que modificó la carta que en ese momento se hallaba prisionero en la cueva del Grifo, logra hacerce con la pluma dorada gracias a la habilidad del ladrón de cocinar muy bien para el grifo. Al regresar a la corte con la pluma; además de joyas que había tomado de la isla, el rey sorprendido le dio su bendición; sin embargo su ambición motivo al rey a ir donde el Grifo, y al intentar cruzar el lago, apresura al barquero, quien le ofrece el remo para que remara por el mismo, pasándole así la maldición de remar por siempre y prestar navegación a todo viajero que pidiese su ayuda.
Ahora, si volvemos al origen del cuento podemos recordar que el niño afortunado es arrancado de su familia por el rey, lo que en un principio señala el corte de la persona de lo colectivo, por una fuerza que es independiente de su voluntad. (Podría ser sinónimo de un síntoma que nos aqueja sin que nosotros le encontremos razón conciente de su existencia), es una preparación para el camino analítico a punto de comenzar. El rey por su parte, es la contraposición del niño afortunado, aquel que querría arrebatarle la vida pues su propia existencia se veía amenazada, el rey es su sombra.
Así el rey llega junto a un altísimo risco que da a las rocas y al mar, en donde lanza a su compañero que mantenía en brazos al bebe afortunado. La persona, simbolizado por este bebe o una personalidad no madura que nunca se ha enfrentado a lo inconsciente, cae en la obscuridad de una cueva, pero a diferencia del hombre que cayo junto con él no murió, ni fue devorado por el grifo, sobrevivió. La persona con la entrada a su inconsciente, se va despojando poco a poco de complejos que lo han acompañado hasta el momento previo al momento de la terapia, complejos o dificultades de características más superficiales. Recordemos que aquel que fue devorado por el grifo era solo un sirviente del rey, una pequeña parte de la sombra.
Ahora dado que el rey daba por muerto al bebe al caer, pareciese que la propia personalidad del sujeto hubiese estado en pausa por años, esperando, luego de la noche oscura del alma poder renacer y aparecer a la consciencia nuevamente, ya madura, habiendo pasado ya por la experiencia con el abismo de lo inconsciente y de sus demonios (el grifo o guardian del umbral).
Ya maduro, el joven es adoptado por una familia de una mujer (madre sustituta) y un padre (también sustituto) el cual ejerce como panadero, el pan surge como símbolo del cuerpo del christos, un renacimiento.
Pero entonces justo aparece el rey con otros acompañantes, la sombra reaparece junto con otros complejos esta vez mas decidido, aspectos más profundos a lo anterior que pugnan por derrocar al yo.
La carta escrita por el rey la cual el joven debe entregar en el castillo, aparece en apariencia como símbolo en cuanto busca reconectar al yo con fuerzas superiores (el castillo) e instintivas y hacerse con el poder. En esto si el joven hubiese llegado al castillo hubiese sido asesinado. El yo habiendo llegado a conocer esa fuerza, ese poder que lo sobrepasaba, corre el riesgo de identificarse con ese arquetipo de lo poderoso con la consecuente inflación.
El yo no estaba preparado para tal enfrentamiento, no estaba maduro.
Por ello que el joven en el camino hacia el castillo cae (sino necesariamente) en un hoyo. La vuelta hacia su inconsciente y el conocimiento con un ladrón, al que reconocemos como imagen de fuerzas instintivas, el trickster o el loco quien compadeciéndose del joven afortunado, o del yo. con su sabiduría intuitiva, transforma esta carta, o el símbolo que le otorga al yo una adecuada asimiliación con su libido, energía y poder reconociendo su voluntad transformadora de si mismo. El joven ahora ya preparado, pero inconsciente aun de sus oportunidades que le esperaban en el castillo (ignorancia del yo frente a elementos inconscientes colectivos o destino) ingresa en él y conoce a la que luego seria su esposa, la hija del rey.
El yo reconoce a su ánima, anteriormente inconsciente de su existencia y que como hija del rey, antes formaba parte de su sombra, pero que sin embargo como conocemos desde la psicología analítica, es esta ánima la que posibilita la conexión entre la conciencia y lo inconsciente, por ende nuestro personaje se ve empujado a iniciar tal aventura en búsqueda del grifo y la pluma de oro, motivado por el encuentro con la amada, su propia ánima o desde la filosofía con la Sapientia o Sophia.

Recordemos la alegoría de la pluma de oro, el oro como símbolo claramente alquimico, representando aquí la perfección del metal, el encuentro con el sí mismo.

Ahora el joven afortunado debe ir a buscar la pluma dorada para poder unirse a ella, (la sagrada boda alquímica de los elementos) arrancada del grifo.
El yo se dispone a entrar a la cueva del grifo. Nuevamente el yo se dispone, ahora consciente de los riesgos, a ingresar a lo inconciente, pero ahora de manera voluntaria
En su camino, se encuentra con el barquero. El que le permite llegar mas profundo de su inconsciente y hacerse con contenidos más complejos. El barquero hace papel del viejo sabio que ahora permite a la consciencia comunicarse mas limpia y seguidamente con lo inconsciente. Llevando al muchacho hasta la misma cueva del grifo.
Ahí con ayuda del ladrón, mismo arquetipo del bufón y fuerzas instintivas e intuitivas vistas con anterioridad ahora asimilado a la consciencia, hace uso de su conocimiento acerca del grifo, o del trato con lo inconsciente y logra arrancarle al grifo la tan apreciada pluma de oro.
El oro como símbolo de lo perfectible, también permite hacer la analogía con el niño filosófico de los alquimistas, el reconocimiento del aspecto divino en el hombre, el sí mismo.
Ahora el joven, además posee la facultad de conocer y comprender la maldición del barquero, es decir, encuentra sentido a la vida y se hace poseedor de la clave para la liberación del barquero, con lo cual se hace poseedor del símbolo de lo psicopompo para ir y venir a voluntad de la conciencia a lo inconsciente.


Este cuento, así como muchos otros, dan cuenta de un desarrollo de la personalidad a través de lo simbólico. De esta forma, lo expuesto en esta interpretación queda restringida a las analogías establecidas por quién escribe, de modo de encontrar ciertos paralelos en la sabiduría de los cuentos tradicionales como una guía en la comprensión de la dinámica de la psique.

Claro está, que las interpretaciones siempre serán esto, desde el ojo detrás de la lectura de quién interpreta. Una formación de lo inconsciente, como un sueño, un cuento, una pintura, entre otras manifestaciones siempre irán dos o tres pasos por delante de la interpretación, que como bien sabemos está sujeta a la persona que percibe y al proceso colectivo o cultural en que está inmerso. No es lo mismo comprender un símbolo en nuestra época actual, que el mismo símbolo 10 o 50 años mas tarde, esto se debe a la cualidad compensatoria a la época que puede hallarse en los símbolos con respecto a la conciencia contemporánea.

Según el cuento, invitado/a está a interpretar libremente el titulo del cuento, este ya es un símbolo en sí mismo.

*Imagen y cuento extraido de la serie de cuentos de la serie televisiva "El cuentacuentos" de Jim Henson's